48 horas en la Ciudad de México con la Panasonic GH5

Con más de 20 millones de habitantes y una fama de caos y peligro que no se corresponde con la realidad y cifras, pretender conocer la capital mexicana en una visita relámpago de poco más de dos días es sencillamente absurdo.

Cada distrito y cada barrio por sí solo merecerían varios días, cada museo una visita pausada y cada taco un par de micheladas para acompañar.

Acompaña en esta aventura la nueva Panasonic Lumix GH5, con la que se quiere reivindicar que no se trata sólo de una estupenda cámara de video, sino que también cumple con creces en el terreno fotográfico. En realidad, esa dualidad foto-video es lo que mejor define desde hace generaciones a las GH y lo que este modelo representa ahora mismo.

Completan el equipo el zoom 12-60 mm f2.8-4 de Leica que ha demostrado ser durante estos días el todo en uno con el que siempre sueñan los fotógrafos más prácticos. Y es que su tamaño comedido y una interesante cobertura focal equivalente a 24-120 milímetros son dos datos básicos para viajar. Además, también se lleva el nuevo 8-18 milímetros, con el que enfrentarse a la ciudad desde una perspectiva más angular que siempre da mucho juego.

¿Pero no es peligroso andar por Ciudad de México con una cámara, por mucho que intentes no parecer turista? La pregunta del millón que siempre se debe hacer unas cuantas veces antes de estar en CDMX. Sentido común, no hacer el tonto, saber más o menos por dónde y a qué hora se anda… Los consejos básicos en cualquier gran ciudad han sido suficientes para evitar sustos o situaciones incómodas.

Mientras se camina por Paseo de la Reforma camino al Zócalo, se descubren dos cosas que el viajero no tardará en averiguar: los más de 2,000 metros de altitud pasan factura los primeros días, y la contaminación y cielos a veces un tanto blanquecinos de la ciudad tampoco ayudan a conseguir grandes postales.

El truco es, como siempre, la paciencia. Pero no tenemos tiempo de esperar a que el cielo se ponga azul así que con la Lumix y el 24-120 mm listo para capturar alguna escena urbana.

Visitar todas las iglesias de Ciudad de México daría para un reportaje de meses, se pensó dentro de la Catedral Metropolitana. Hay misa cada hora,  y sorprendentemente casi siempre hay gente atendiendo, no sólo turistas de visita. Click, click… la entrada es gratuita y no hay ningún problema con la cámara. Sin flash, claro.

La Feria de las Culturas Amigas montada en pleno Zócalo impide tener la postal clásica de la ciudad, con la enorme bandera y la Catedral y el Sagrario Metropolitano de fondo. Decididamente no es el mejor día fotográfico.

El Palacio de Bellas Artes es otro de los puntos de referencia de esta zona centro de la ciudad en la que, para nuestra sorpresa, las bicis poco a poco se atreven a plantar cara a los omnipresentes coches.

No se va demasiado lejos, en estos paseos en los que se agradece el tamaño y peso moderado de la cámara, del mercado de San Juan, uno de los más visitados de la ciudad. Un mercado de los de toda la vida en los que la única concesión al turista es un puesto de insectos que congrega a los que no estamos acostumbrados a ver diferentes tipos de chapulines, alacranes y alguna otra delicia.

Cada calle está repleta de puestos en los que comprobar que eso de la street food en versión hípster y refinada que está tan de moda en España es poco más que un chiste. A todas horas y en cualquier rincón hay gente cocinando y comiendo en puestos callejeros.

¿Unos tacos? De los de verdad, no de los tex-mex que decía Trump. A la mañana siguiente, todavía sin cargar la batería y sin problema, se recorre el barrio de La Condesa. Es temprano, pero en las tortillerías ya hay colas, y en los locales más modernos prometen un buen café de especialidad.

Se pasa de largo del mercado de Medellín camino de Hola, una taquería que con más de una veintena de guisos demuestra que, en realidad, todo es taqueable. Aunque el angular va en la mochila, el 24 milímetros es suficiente para hacer las fotos en el pequeño local mientras probamos algunos de los tacos. Eso nos deja sólo una mano libre. Bendito estabilizador doble: en el cuerpo de la cámara y en el zoom.

Se salta hasta el sur de la ciudad, a Coyoacan, una de las zonas imprescindibles de la ciudad. El museo de Frida Kahlo recibe con una cola considerable y un cartel que obliga a pagar más si se quiere entrar con cámara.

Aquí no hay problema para las fotos, así que se desenfundan el 9-18 milímetros. Los grandes angulares no son sólo para paisaje y un mercado, con sus puestos de carnitas, máscaras de lucha, piñatas con la forma del clásico burrito o de Donald Trump, y velas, hierbas y santos de todo tipo, resulta un escenario excelente para moverse con esta cámara.

Frente a la fuente de los Coyotes, se revisan las fotos y, gracias a la conexión Wi-Fi de la cámara y al gratuito que se puede encontrar en muchos parques públicos, se comparten en redes desde el móvil.


Con Información de: Photo Lari
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